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Hoy os vamos a contar un poco más sobre nosotras.

Si habéis leído nuestra historia os habréis dado cuenta de que, aunque somos docentes de idiomas e intentamos enseñároslos de la manera más dinámica que sabemos, somos en realidad traductoras y, por ello, hoy os vamos a presentar otra de nuestras pasiones: 

EL MUNDO DE LA TRADUCCIÓN. 

 

¿Sabíais que prácticamente estamos rodeados de traducción y que sin esta el mundo que conocemos hoy en día no sería igual? 

 

 ¿Sois conscientes de que la mayoría de los libros que caen en nuestras manos, cada película o cada serie que vemos son traducciones?

 

Cuando vais de compras y miráis las etiquetas, ¿Os habéis percatado de que también están traducidas?

 

En estos tiempos de globalización ha proliferado la expansión a nivel mundial de productos que precisan una traducción para entrar en los mercados extranjeros en los que la lengua propia no es la del país de origen del producto. He aquí donde interviene la figura del traductor. 

 

No obstante, la traducción no es una disciplina moderna, pues es una de las carreras profesionales más antiguas del mundo. Puesto que desde tiempos inmemoriales los traductores nos sentimos como un eslabón invisible capaz de conectar las realidades de dos culturas diferentes. Seguro que aquellos que atendíamos en clase de historia hemos escuchado alguna vez "el Tratado de...", "la Guerra de...", o ¿qué hay de la piedra de Rosseta de los egipcios? ¡Sí, sí! Nos remontamos a los egipcios, en el año 196 a.C. Lo curioso es que en esta piedra de más de un metro de altura y casi 800 Kg de peso, estaba redactado el decreto en cuestión en tres idiomas diferentes: los jeroglíficos egipcios, la escritura demótica y el griego. Como no podía ser de otra forma, la piedra Rosetta se consideró a partir de entonces el primer rastro de la traducción propiamente dicha, y permitió a sus estudiosos descifrar por fin el significado de la escritura jeroglífica, que había sido un misterio absoluto hasta su aparición.

 

Por todo esto, es ahora cuando tenemos que ampliar nuestra propia definición como traductores y/o intérpretes para pasar a denominarnos mediadores culturales. Porque, ladies and gentleman, quizás hoy en día cualquiera pueda querer definirse como traductor por el mero hecho de saber idiomas pero, desde luego, muy pocos consiguen ser buenos mediadores culturales.  En nuestro caso particular, nos decantamos por especializarnos en la traducción jurada. Esto no es un tipo de traducción en sí, ya que se puede realizar una traducción jurada de cualquier documento. Simplemente se trata de aportar un efecto legal al documento y demostrar que este es fiel al original. Normalmente, se llevan a cabo traducciones juradas de documentos que se deben presentar en organismos oficiales o instituciones públicas; ya sean títulos o certificados académicos, partidas de nacimiento o defunción, documentos contractuales, herencias... Para dicha práctica se precisa cierta preparación y habilidad de la que no gozan aquellas personas que simplemente traducen porque conocen dos idiomas a la perfección. 

Esperamos que os haya gustado saber un poquito más de nosotras y de quienes somos.